Día de la mujer

A pesar de que estaba convocado en muchos países, en España el paro de las mujeres hoy no ha sido oficial. Por lo menos yo no he recibido por parte de los medios de comunicación ni corporativos de la empresa en la que trabajo notificaciones o campañas a favor de este paro. Así que, como todos los días, me he levantado y he ido a trabajar. Lo que sí he leído en más de un sitio ha sido la intención por parte de varios colectivos, de parar de 12 a 12:30 de la mañana. Lo cierto es que mientras conducía de camino al trabajo no he podido evitar imaginarme como anunciaban por megafonía en la oficina el paro, igual que hicieron cuando paramos en repulsa de los atentados de París de noviembre de 2015, por ejemplo.

Iba pasando la mañana y nadie anunciaba nada. He puesto el tuit de rigor (porque la ocasión lo merecía) y me he mirado al espejo orgullosa. Mujer. Y he seguido trabajando con la sensación de que en mí sí está la lucha y la reivindicación. Sin embargo volviendo de desayunar ha pasado algo que ha cambiado por completo la mañana, el día y algunas cosas dentro de mí. Me he cruzado con una compañera y me ha comentado, entusiasmada, que algunas mujeres de la oficina se estaban organizando para parar a las 12. Definitivamente nos veríamos en la puerta principal a esa hora para reivindicar juntas nuestra visibilidad y nuestra dignidad. Para que todos supieran que no vamos a dejar de luchar ni un solo día de nuestra vida.

Así que he llegado a mi sitio y les he comentado a mis compañeras la intención de parar. Y lo he hecho bien alto, para que me escuchase todo el que quisiera hacerlo, y vaya si me han escuchado. Ha ocurrido algo que responde a la eterna y recurrente pregunta: “¿Para qué hay que celebrar el día de la mujer?” “¿Es realmente necesario?”

Un compañero me ha preguntado que por qué queríamos parar, y yo, que me he quedado un poco sorprendida le he recordado el día que es hoy. Él ha vuelto a insistir, de manera jocosa, alegando que quería entender los motivos y de repente un compañero que estaba escuchando la conversación ha soltado una carcajada burlona e insultante, y entonces he contestado: “Paramos porque no queremos que nos maten más, paramos porque no queremos que nos insulten ni se rían de nosotras, paramos porque no queremos ser discriminadas en el trabajo, solo por ser mujeres”. La conversación se acabó inmediatamente.

Por fin dieron las 11:55 y mis dos compañeras y yo nos dirigimos a la puerta comentando que probablemente no habría mucha gente, pero lo que no esperábamos era encontrarnos con tres chicas y un chico. ¡Éramos siete! ¡SIETE! En la oficina en la que trabajo hay cientos de personas, casi la mitad de ellas somos mujeres pero, ¿dónde estaban todas esas mujeres? ¿Dónde estaba toda esa gente que ha hecho que etiquetas como #DíaInternacionalDeLaMujer #WomensDay hayan sido Trending Topic toda la mañana en Twitter?.

¡Qué triste! Triste ha sido enterarme por los pasillos de algo que la empresa debería haber comunicado. Triste ha sido tener que aguantar las risas y comentarios de los hombres que nada saben de lo que es ser una mujer (y más en un mundo de hombres, como es el informático). Triste ha sido que de cientos de personas solo hayamos parado siete. Bueno, esto último no ha sido tan triste, ha sido muy bonito, muy valiente y muy significativo.

No os voy a felicitar, mujeres. Bueno sí, os felicito por valientes, por luchadoras y por ser mujeres, que es un regalo divino que los hombres no se pueden ni imaginar. Os animo a todas a seguir luchando cada día y a que, como yo misma sigo intentando, superemos esos micromachismos diarios que llevamos tatuados en el cerebro. No nos creamos eso de que somos el sexo débil, es una mentira enorme. Si fuésemos débiles la lucha no seguiría. Luchemos para que se nos oiga, por la igualdad y el respeto. Pero no lo hagamos solo hoy. Hagámoslo siempre.

Felices. Mujeres.

¿Has probado a apagar y volver a encender? 😉

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