Mi crítica de Cuando tienes 17 años, de André Téchiné.

cuando tienes 17 años
Cuando tienes diecisiete años, el deseo empieza por las miradas. Cuando tienes diecisiete años se llama la nueva película de André Téchiné que el otro día tuve el gusto de visionar. Con un guion escrito por el propio director y Céline Sciamma, la película nos hace sonreir ante las torpezas de los dos chavales que aprenden, a lo largo de la película (durante los tres trimestres de un curso escolar en el último curso de instituto), a conocerse y a amarse (a sí mismos y entre sí); también nos hace enamorarnos de la doctora Marianne, la madre de Damien, maravillosamente interpretada por Sandrine Kiberlain con una energía y vitalidad desbordante; y nos deja atónitos ante la belleza de los paisajes por los que transita la historia. 
Los “tilos verdes del paseo” del poema de Rimbaud en la cinta se cambian por montes del medio pirineo francés, cubiertos de nieve o acariciados por el sol, dependiendo de la estación, y por casitas, establos, bosques y lagos que solo han visto los que viven allí y que, gracias al cine, podemos disfrutar; pero, como en el poema que inspira el título de la película “Nadie es serio a los diecisiete años”, el deseo, identificado o no, comienza aquí por las miradas
Cuando tienes 17 años
Thomas (Corentin Fila) es un chico mulato adoptado, con ojazos y un cuerpazo de escándalo, esto último en gran parte debido a que todos los días corre tres horas monte a través para ir al instituto y que se ocupa de su madre y de los animales de su granja tradicional. Muy guapo y muy cachas, pero Thomas come todos los días solo en el gimnasio, con su táper sobre las rodillas. Damien (interpretado con sensibilidad y talento por Kacey Mottet Klein) es el hijo de la doctora, y el primero que posa la mirada en Thomas. Son estas miradas, a veces furtivas, a veces sostenidas, las que provocarán las primeras hostias (literal) entre los dos chicos, sin que ellos mismos sepan el por qué. La cosa se complica cuando Marianne decide acoger a Thomas hasta el final del curso escolar, y estas miradas, cada vez más complejas e inundadas de la complicidad del secreto compartido, siguen alimentando esta tensión física entre los dos muchachos, lo que, de hecho, es el motor de la película y la va llenando de una sensación de deseo indefinible que mantiene al espectador en vilo.
Cuando tienes 17 años
La sensualidad de la que siempre hace gala Téchiné se suma a la sensibilidad de Sciamma para hacer de Cuando tienes diecisiete años un retrato sutil y vitalista de esta edad adolescente en la que todos estamos tan perdidos y, sin embargo, aprendemos en un curso más de lo que aprenderemos en el resto de nuestra vida. 
En tres trimestres, más allá de este descubrimiento de la orientación sexual entre Damien y Thomas, pasan muchas cosas, pero ya sabéis que no me gusta develar más de la cuenta, así es que ahí lo dejo… Si os digo que cada acontecimiento importante supone un paso más en la educación sentimental de nuestros dos protagonistas, que se dirigen así hacia una mayor confianza  en el amor y en ellos mismos. 
Es una película muy bonita, siendo sencilla como es. En la línea de otras de su director como Los juncos salvajes o Los Ladrones. Yo he llorado, y si yo lloro en el cine es que algo (mucho), están haciendo bien.
LO MEJOR: La película es preciosa en todo su conjunto, pero a mí me ha gustado especialmente el personaje de Sandrine Kiberlain, Marianne. PELÍCULA CON OVEJAS ROSAS.
LO PEOR: Una se queda con ganas de saber si este amor adolescente prospera o se queda en un amor de bachillerato.


Cuando tienes diecisiete años se estrena el 21 de octubre de 2016 en los mejores cines de España.

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

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