Mi respuesta a la carta viral de la supuesta profesora de instituto. El machismo en el lenguaje.

Lleva unos años corriendo por internet un escrito que da una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como “presidenta”. La explicación que da la supuesta señora que lo ha escrito es, en resumen, esta:
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa el que tiene entidad, en definitiva el que es. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción. 
O sea, la supuesta señora, después de contarnos que estudió la primaria porque es mayor y así sugerir que la EGB o sistemas posteriores son una mierda, viene a basar su argumento en estas premisas: 
1. Que el participio activo del verbo ser es ente. 
2. Que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente, 
3. Que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’. 
Pues ahora, tras consulta previa a la RAE, os voy a explicar yo porque la supuesta señora está equivocada. 
carta viral profesora instituto
Yo, que soy una niña de La Ley General de Educación del año 1970, de la EGB, del BUP, del COU y de Filología Clásica, lo que antes se llamaban lenguas muertas y que no pude terminar. 
1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, en general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo sido, para el verbo ser, o comido para comer). Muy poquitos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, ya que hoy en día se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente. 
2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Lo mejor de todo es que no solo el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que TODOS los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, que es la desinencia del genitivo. Si habéis estudiado un poco de latín, todo esto os sonará.
Así pues esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque de esta manera en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico. (Todo esto lo cuenta la RAE, y lo podéis comprobar). 
3. Dicha terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. De hecho, esta secuencia -nt- aparece no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego) lo que prueba que esa –nt– nunca ha sido marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, pero solo en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero pasó con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues, repito, no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.
Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Es por este motivo que nada en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; de hecho, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.
Es verdad que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y por ello es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.
Los que guerrean, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los guerrentes, los inventantes, los trabajantes, los correntes, etc. sino el guerrero y la guerrera, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora… El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical: mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español antiguo estas palabras tenían su forma en plural (por ejemplo, era posible decir “ellas durantes”). 
Dicho todo lo anterior, que menuda retahila os he soltado, no hay nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, que impida que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. 
Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como “presidenta”, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, no hay supuesta terminación que pueda frenar el uso de la forma femenina (curioso es que existe sirviente y sirvienta, y nadie dice nada). 
Y ahora solo tenéis que volver a consultar la RAE y ver que “presidenta” es una palabra aceptada desde hace mucho tiempo, que es la mujer que preside.
Y la supuesta señora, y digo supuesta porque yo no sé quien lo ha escrito, pero desde luego el documento tiene una tufillo machista digno de un hombre, la supuesta señora, digo, no aprovechó bien sus clases de primaria y secundaria.

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

Comments

  1. Anónimo says:

    Quiero aplaudir bien alto y, después de felicitarte, darte las gracias. Me encanta absolutamente todo lo dicho y cómo está dicho y como lingüista que también soy he aprendido muchísimo también.
    De todo, me quedo con el penúltimo párrafo, ese que dice más o menos que quien manda al fin y al cabo es el uso igualitario que a la lengua se le quiera dar, porque al final la lengua no es nada sin hablantes.
    Muchas gracias!!

    1. laovejarosa says:

      Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te ha haya gustado.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *