Ovejas en Narnia

Como cada año, el 2 de agosto
desembarco en Torrecilla de los Vidrios. Se celebra el día de Nuestra señora de
los Ángeles
y es el santo de mí también santa madre. Como cada año, le llevo
unos bombones rellenos de licor, de esos que le gustan, y que siempre se come
con una cucharilla porque llegan hechos papilla (coño, es que estamos en agosto
y no aprendo). Me he puesto una camisa blanca y el pantalón vaquero, e intento
disimular la pluma todo lo que puedo. Enrique se ha quedado en la capital, el
pobre tiene mucha paciencia, cuatro años aguantando que todos los agostos yo me
vuelva al pueblo y me meta de nuevo en el armario.
Yo me imagino que Torrecilla es
Narnia
, que mi madre es la bruja blanca, mi padre el león y mi hermano pequeño
el fauno de la flauta. En realidad no se diferencia aquello tanto: todo tan
verde, el río tan caudaloso, mi madre con su mala leche de siempre, mi padre
todo bondad y mi hermano haciendo trastadas. Y yo, que no sé si soy el príncipe
o la princesa. Porque una vez que entro en el armario de Torrecilla ya no sé ni
quién soy. Y el tiempo tiene también una duración fuera de lo normal, de nuevo
como en Narnia, y el mes de agosto se me hace tan largo como toda una vida, no
te digo más.
Mis vacaciones en Narnia, digo en
Torrecilla, se resumen en: dormir, ir a la piscina con los quintos, ir a la
disco con los quintos, y vuelta a empezar. Y así durante un mes. También hago
como que ligo con alguna forastera, que no se diga que no soy el más machote de
la cuadrilla. Luego, desde la cama, llamo a Enrique escondido entre las sábanas
y, con voz bajita, nos hacemos una paja furtiva, como si fuéramos adolescentes.
Furtiva es mi paja, la suya debe ser monumental, que hasta me manda fotos del
evento para ponerme más cachondo, si cabe. Y yo con mucho cuidadito ahí ando,
que madre y padre duermen con el cabecero parejo al mío, y encima estoy en una
camita de 90 donde mis 1,94 no entran ni de coña. Pero así me tengo que apañar,
no me queda otra.
Para salir de tanta monotonía,
los domingos voy con mi padre a las huertas a ver cómo andan los tomates y
demás hortalizas. Me encanta andar entre los sarmientos e ir probando las uvas
que están ya cercanas a la vendimia. También me encanta cuando padre me dice
eso de “hijo mío, un día todo esto será tuyo”, llenito de satisfacción. Y lo de
“qué bien que estés estudiando agrónomos para que puedas ocuparte de todo esto
y tengas resuelto el porvenir”
. Cuando sigue con lo de “a ver cuándo encuentras
una buena moza”
es cuando me doy cuenta de que no se lo puedo decir.
Otro agosto que no se lo puedo
decir. Otro agosto en el armario
.

Artículo originalmente publicado
en el blog de @LaOvejaRosa en Universo Gay el 2 de agosto de 2014.

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

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