Ovejas Latxas

La primera vez que visité la ciudad de Bilbao, me sentí como en un capítulo de L Word, pero con menos glamour. ¡Todas las mujeres eran lesbianas! Aquello era el paraíso para cualquier Oveja Rosa. Yo, recién llegada de la capital del reino, acostumbrada a identificar fácilmente a las boyeras del barrio de Chueca, allí me sentí muy perdida, porque tenía el radar gay disparado pero me daba constantes señales de error. Con el tiempo supe que no era tan fácil la identificación; entre el peinado abertzale cortado a hacha, la vestimenta de forro polar y chirucas, que allí son uniformidad, y que la mayoría tienen un aspecto campechano y viril, se puede decir que esta oveja andaba más perdida que Eva en el día de la madre. 
Me quedé a vivir allí, pensando que era el sitio ideal porque aquello era como una Chueca de tamaño XXXXL. Nada más lejos de la verdad, porque ni son todas las que lo parecen ni lo parecen todas las que lo son. En los cinco años que ha durado mi residencia es Euskal Herria he conocido a muchas mujeres y hombres, gais y no gais. Los hombres vascos son todos muy viriles, de aspecto rudo, con facciones muy marcadas, del estilo de Carmelo Gómez en las películas de Medem, y eso que, como nunca nada es lo que parece, Carmelo no es vasco sino leonés. El caso es que los hombres vascos son así, en su mayoría, incluso los hombres vascos gais. Si no fuera porque de vez en cuando dan rienda suelta a su pluma, nadie sabría que son gais. En el caso de las mujeres es casi igual, también son viriles, rudas y con facciones marcadas, aunque no todas se parecen a Carmelo Gómez, el leonés. Si no fuera porque al hablar con ellas te cuentan que están casadas con un señor, tienen 4 hijos y viven en un caserío, nadie sabría que son heterosexuales.

Luego están las lesbianas vascas de verdad. Esas están todas metidas en el armario y viven con sus ancianas madres ricas. Como buenas hijas solteras que son, se convierten en el báculo de la vejez de sus aitas (padres), aunque se suele dar la circunstancia de que tienen una novia desde hace 20 años, de la que nadie sabe nada, excepto sus amigas del Casco Viejo. El día que cumplen los 63 años, aproximadamente, por fin se van a vivir juntas, normalmente a los pocos días del fallecimiento de los padres. Esta edad puede alargarse, ya que la esperanza de vida ahora es mucho mayor, sobre todo en Euskadi, debido a lo bien que se come y se bebe, y gracias también a las condiciones atmosféricas, ya que la humedad y el sirimiri conservan todo mucho mejor. 

Esto que os cuento ocurre por esa ley “no escrita” de la presunción universal de la heterosexualidad, que hace que a cualquier mujer se le identifique por defecto como heterosexual, por mucha pluma que tenga o por mucho que vaya de la mano de su pareja. Siempre dirán que es su amiga del alma, no pasa como con los hombres, que si van de la mano por la Gran Vía se les definirá automáticamente como maricones. Las mujeres somos invisibles en este tema, como en tantos otros. Unido a que es mucho más fácil la vida en el armario, calentitas y con la luz tenue, muchas mujeres prefieren vivir esa falsa vida que atravesar la puerta, por miedo y por comodidad.

Por suerte, la llegada de mujeres lesbianas de otras provincias del estado español e incluso de otros países, ha dado vidilla al hasta ahora cerrado ambiente bilbaíno.

Aún queda por ver si las ovejas latxas tendrán a bien mezclarse con ovejas de otras razas, lo cual sería muy enriquecedor. Doy fe de ello, como Oveja Rosa casada con una Oveja Latxa.

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

Comments

  1. Cuaaaaaaanta razón tienes, lo dice una oveja del que sigue en el norte. Has clavado todito tó

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