UNA OVEJA ROSA EN EL TRABAJO

Cuando era adolescente y mi lesbianismo era ya una realidad (aunque a veces lo quisiera disfrazar de bisexualidad o incluso de confusión) dos de las preguntas bomba que me venían a la mente eran: “¿qué pasará cuando sea mayor?” o “¿qué van a pensar los demás de mí?”

Obviamente hay que superar esa fase de inseguridad y de preocuparse más de los demás que de una misma para poder seguir adelante, pero lo cierto es que ahora que ya “soy mayor” y me importa más bien poco (y cada día menos) lo que los demás piensen de mi orientación sexual, sí es verdad que tengo que ver cosas que no me gustan y enfrentarme a ellas cada día, y siempre poniéndome yo por delante de los demás.

Mi trabajo es de oficina. Me paso las horas pegada al monitor del ordenador al lado de otros compañeros que hacen lo mismo. No son ceros y unos, pero lo que tenemos en nuestras pantallas se le parece mucho, y a veces necesitamos salir de ese mundo virtual para pisar un poquito en el suelo y volver a la realidad. La mejor manera que tenemos para conseguir eso es hablar de nosotros y de nuestra vida. De las cosas que nos gustan, de lo que vemos en la tele o leemos en los periódicos, o de lo pesada que ha sido la mudanza de este fin de semana.

No hace mucho que una compañera (con la que no tengo mucho trato pero a la que mi radar de ovejas rosas detectó el primer día) ha sido madre, y claro, la sorpresa de la mayoría ha sido mayúscula porque, o la peque (que ha sido niña) ha nacido muy, muy, pero que muy pequeña, o mi compañera no ha estado embarazada. Así que, si ella no ha estado embarazada pero ha sido madre, entonces… ¿entonces? Pues entonces ha dado a luz su mujer. La conclusión era sencilla y nadie se perdió por el camino para llegar a ella.

A mí me lo contó un compañero y me dijo que se lo había dicho ella misma pidiéndole que, por favor, fuese muy discreto (aquí la discreción brilló por su ausencia, dicho sea de paso). Mis preguntas surgieron enseguida: “¿por qué me he enterado de esta manera?” “¿Por qué se cuchichea sobre el tema en lugar de celebrarlo?” En otras ocasiones en las que algún compañero o compañera ha sido padre o madre hemos hecho celebración, Se ha comprado un regalo y hemos visto las típicas fotos del día del nacimiento con el consiguiente debate sobre si el peque es guapo o no, o si se parece más a la madre, al padre, a la abuela, al abuelo o incluso a la matrona.

oveja rosa trabajandoEste caso no fue así, apenas se comentó y mi compañera no quiso darle bombo al asunto Lo dijo porque pidió la baja paternal (que aunque sea madre, en su caso fue paternal, manda narices) y además pidió una excedencia para poder estar con su hija y su mujer los cuatro meses que duró la baja maternal.

Ella misma crea la discriminación al mantener tanto secretismo, y no la culpo. Entiendo el miedo, la presión social y laboral y mil matices más que yo misma llevo conmigo cada día de mi vida (ya hemos hablado varias veces del maratón que día tras día tenemos que correr), pero no deja de parecerme tan injusto, tan injusto, que solo puedo encogerme de hombros y resignarme ante el hecho de que ha sido así.

Mi compañera está feliz, no hay más que verla. Cansada, pero muy feliz con las mujeres de su vida. Y no puedo más que alegrarme por ella y coger impulso, para que el día que me toque a mí no falten ni la fiesta ni los regalos (quiero muchos regalos, aviso).

Las opiniones vertidas por las colaboradoras de La Oveja Rosa no se corresponden necesariamente con las de la propia @LaOvejaRosa, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

¿Has probado a apagar y volver a encender? 😉

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