¿Y si Leonor fuese lesbiana? Celebrando el 12 de octubre

Oveja Leonor
Hola, me llamo Leonor de Todos los Santos de Borbón Ortiz y tengo 10 años. Soy Princesa de Asturias, Princesa de Gerona, Princesa de Viana, Duquesa de Montblanc (de ahí lo de la pluma), Condesa de Cervera y Señora de Balaguery. Si Dios quiere y todos los santos de mi nombre lo bendicen, seré Leonor II de España. También dependerá de si gobierna el de la coleta o alguno parecido. Escribo hoy esto que se celebra el Día de la Patria, 12 de octubre. 
Todo el mundo espera de su vida que sea incierta y elegida por uno mismo, pero la mía, si nada ni nadie lo remedia, está destinada a que yo sea la próxima reina de España. Y ¿qué pasa si yo no quiero? ¿Qué pasa si yo decido que nadie puede decidir por mi vida y que quiero vivir la mía propia? Yo no he elegido parecer una niña tonta, rubita y altecita real. Todos me tratan con condescendencia y me educo en los más selectos colegios privados sin que nadie olvide cuál es mi realidad y mi futuro. ¿Mi futuro? Miedo me da… Poneos en mi lugar. ¿Qué pasaría si os dijeran desde que nacéis que debéis ser algo que no habéis elegido, que os viene en la sangre, en el código genético por la sangre azul que circula por vuestras venas? ¿Sangre azul? Mi sangre es roja como todas, me como los mocos como cualquier niña, me tiro pedos y todo ese tipo de cosas que hace cualquier niña cuando mis institutrices, que tengo varias, no me ven. Me gustaría poder salir con mis amigas sin catorce guardaespaldas, me gustaría ser una niña normal y no un animalito en peligro de extinción cuyo futuro está escrito antes de ser siquiera concebido.

No quiero pasarme mi vida preocupada por si me sacan en topless, no quiero ser un personaje público, quiero pasar desapercibida, fumar porros cuando toque, ir a los garitos de Chueca también cuando toque y hasta ir a alguna manifestación a favor de la república. Porque yo soy republicana. Y lesbiana. Que aunque tengo diez años ya me pica el chichi y me gusta mi compañera de clase, que se llama Jimena y es tan pija como yo. Jimena, con sus apellidos compuestos que no le caben en la tapa del cuaderno. Jimena, con sus cabellos rojos y sus ojos verdes. En el cole vamos de la mano a todas partes y nos damos inocentes piquitos, pero como os decía, a mí ya me pica el chichi y a Jimena yo creo que también. 

Y es que no sé por qué tengo yo en herencia una dignidad y una responsabilidad que hará que mi vida no sea mía. Y quiero, entended, que mi vida sea mía. Para bien y para mal. No quiero pasarme la vida pensando si me pongo un Felipe Calera o un Ataulfo Domínguez, o qué zapatos combinan bien con mis atuendos, no quiero pensar que todas las cámaras van a estar pendientes de si repito o no vestido, de si mi peinado está a la moda o si estoy gorda o flaca. No quiero ser agradable. Me da igual España y los españoles. No quiero ser su reina. Abdicaré, pero ya me habrán jodido la vida. Me gustaría ir a un colegio con inmigrantes africanos y latinoamericanos y pensar que yo no soy especial ni diferente ni esa mierda que me han agregado de “alteza real”. Que no soy alteza y me gustaría ser real, pero en otro sentido al que me han impuesto.

No me gusta esta vida rodeada de lacayos que van satisfaciendo mis deseos y sonriéndome con conmiseración, tal vez porque se dan cuenta de que mi vida, igual que la de mí madre es un desastre, posadas en algodones pero sin poder ejercer lo más elemental que puede desear cualquier ser humano: ser libre y ser feliz. Mi abuelito, entre cana y cana al aire con sus amigas rubias de la aristocracia alemana más rancia, me enseña a hacer el limpiaparabrisas con la manita, como buena reina que he de ser. Me enseñan a sonreír cortesmente, porque no podré ser borde nunca, ni podré tener el SPM (Síndrome pre menstrual)… ¿Que no tendré que trabajar? Pues sí. ¿Que no pasaré carencias materiales? Pues también. Pero mi vida no será mía. Me pasaré la vida en una jaula de oro, me casarán con un señor que no me gustará porque a mí me gustan las mujeres, pero como soy una alteza real, me tengo que joder. Que soy republicana. Que me encanta la bandera tricolor. Y la del arcoíris.

No quiero ser reina, no quiero ser princesa, ni de Asturias ni de ningún otro lugar, no quiero ser una niña marcada ni especial. Solo quiero revolcarme por el suelo, comer chocolate hasta reventar, y espaguetis con tomate a tutiplén, que me encantan, y que dejen de mirarme con esa cara de imbéciles cuando se ven ante una niña de diez años pero a la que hay que tratar como si fuera algo especial. No soy especial. Soy una niña normal. Algún día leeré libros de adultos. Y me gustará Jeannette Winterson y no Pilar Urbano, os lo digo desde ya. Porque soy lesbiana y republicana y en mi corazón solo hay dos banderas, la que izó Riego y la del arcoíris. 

Qué no quiero ser reina. ¿Ha quedado claro? Por favor, que alguien haga llegar esta declaración a algún lugar, tribunal o donde corresponda, porque a mí me tienen encerrada en una urna de cristal a la vista de todo el mundo, encerrada en el más exclusivo de los colegios y diciendo que soy una niña normal. ¡Qué alguien me saque de aquí!

Menos mal que tengo a Jimena Ruiz de Valdivieso Vélez de Antequera. Sin ella esto sería un auténtico infierno. 

Este artículo fue publicado originalmente en la columna de La Oveja Rosa de Universo Gay. 

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

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