Jesús era gay

Hay un pensamiento que me asalta desde hace mucho tiempo, a propósito de estos días del World Pride que estamos celebrando. Este pensamiento se resume en una sola frase: Jesús era gay. 

Muchos dirán que decir esto es irreverente y que no tiene fundamento, pero si indagamos un poquito y leemos entre líneas los evangelios, veremos que no es tan descabellado. Habiendo sido educada en colegios de monjas toda mi vida (como el 90% de las que ahora mismo me estáis leyendo y tengáis más de 40 años), nos han contado siempre que ser homosexual va en contra de la santa madre iglesia y de la ley de dios. Nos han dado una imagen de Jesús asexuada cuando, siendo un hombre joven, seguramente tuvo también sus amoríos y sus relaciones. Además, no sabemos prácticamente nada de la vida de Jesús durante su juventud, puesto que pasa de perderse en el templo a estar ya reclutando amigos para la pandilla.

Antes que nada, hay que saber que, a estas alturas de la película, aún no sabemos si Jesús es un personaje histórico o un mito, debido a lo cual todo son conjeturas y cuestiones de fe. Nadie puede saber si Jesús era asexual o no, si tenía algo con María Magdalena o con cualquier otra persona. Hoy vamos a hablar del amante de Jesús, o en otras palabras, “el discípulo a quien Jesús amaba“, que como muchos sabréis (y si no lo sabéis, ya os lo digo yo) era, San Juan Evangelista, hijo de Zebedeo. Este Juan no debe confundirse con el primo de Jesús, que es Juan el Bautista, sí, el que fue decapitado por orden de Salomé. Si habéis leído el evangelio según Juan, habréis notado muchas diferencias con los otros tres restantes. Por ejemplo, no narra los hechos cronológicamente, sino que hace una especie de novela, además es el más profundo y el más místico de todos y, sobre todo, es el único que se supone que fue escrito por un testigo directo de la vida de Jesús (“El que lo ha visto da testimonio de ello, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis” Juan 19, 35). Vamos, que queda muy claro que Juan tenía una relación muy especial con Jesús, según el mismo evangelista cuenta refiriéndose a sí mismo como “el discípulo a quien Jesús amaba“, fórmula que se repite en cinco momentos distintos y únicamente refiriéndose a sí mismo.
Hay muchos más datos que corroboran esta relación “especial”, vamos con ellos:
En la Última Cena, Juan se sienta al lado de Jesús y apoya su cabeza contra su pecho. (Juan 13, 23-25)
Cuando crucifican a Jesús, Juan es el único apóstol que está presente en la ejecución, junto a la madre del reo. Dos de las últimas frases que dice Jesús desde la cruz son “Juan, he ahí a tu madre” y “Madre, he ahí a tu hijo”. A partir de este día, la madre de Jesús se va a vivir con Juan (Juan 19, 26-27).
Cuando María Magdalena viene contando que el sepulcro está abierto, Juan es el que sale corriendo y el primero que llega (aunque espera a Pedro) (Juan 20, 1-10)
Juan es el primero en reconocer a Jesús en una de sus performances post resurrection (Juan 21, 7)
Se percibe un trato especial hacia él en una conversación bastante ambigua entre Jesús y Pedro cuando está a punto de irse (Juan 21, 20-22).
En todas estas ocasiones, Juan se nombra a sí mismo mediante la misma fórmula, usada en exclusiva: “el discípulo a quien Jesús amaba”, y en todas ellas hay datos relevantes que nos hacen pensar que no se trataba de un simple seguidor más. Vale que, según los evangelios, Jesús amaba a todo el género humano, pero a ningún otro individuo durante todo el texto, confiere ese privilegio tan explícito. O sea: Jesús amaba a todas las personas en general, pero a Juan en particular.
Todo esto que os he contado lo puede leer cualquiera que tenga una Biblia a mano, y por supuesto, si la Biblia es una de estas con anotaciones a pie de página, encontrará los correspondientes asteriscos, bien gordos, que nos contarán que Jesús simplemente le tenía un especial cariño a Juan. Y ya está, ahí lo dejan, ya se han encargado durante siglos y siglos los doctores de la iglesia de dar los argumentos pertinentes para desmentir esta historia de amor. Que sí es que Juan era el más joven y por eso el más amado, que si es que era algo platónico, porque en el texto original en griego se usa el verbo “agapáo”, que es amor, y que eso es muy distinto de “ éros”, que es más carnal… Pero vamos, hasta Ana Belén cantaba eso de “Agapimu” y no era precisamente de amor platónico de lo que hablaba la canción. La frase original del evangelio dice: “‘o mathetés ekínos ‘on egápa ‘o Iesûs“, literalmente, “el discípulo aquel al cual amaba Jesús“, y punto, no hay lugar a dudas, sepas griego o no. Y lo de que era joven… más de lo mismo, si echamos cuentas Jesús le llevaba a Juan seis años como mucho, debía tener el chico unos 25 años, vamos que no era un niño que necesitara especial protección, y seis años es la edad ideal de diferencia en las parejas gay (de toda la vida).

Y lo más importante, y lo que siempre me he preguntado leyendo los evangelios, tan entretenidos ellos: ¿Por qué razón Jesús habría de tener un favorito? Si resulta que Pedro era el primero y principal de sus apóstoles, al que dejó encargado fundar su iglesia, el que está de portero en el cielo con el manojo de llaves, cual sereno celestial, ¿cómo este no era “el discípulo al que amaba”?. Siendo como era Jesús, el Mesías, el redentor de la humanidad y la fuente de amor infinita, queda muy poco profesional eso de tener un favorito. Mi respuesta a esta pregunta es que esta relación pertenecía a la vida privada, a la vida humana, a la vida carnal de Jesús. Y esa parte no nos la han contado.

Existe una amplia bibliografía sobre esta vida carnal de Jesús, amén de otras lecturas muy recomendables como “La última tentación de Cristo” de Kazantzakis. Si no sois de leer, podéis ver la película con un tremendo Willen Dafoe en el papel de Jesús. También en los testamentos apócrifos se habla de otros tabúes heréticos como posibles esposas de Jesús e incluso en el mismo evangelio de Juan se menciona que tiene hermanos (como siempre, la iglesia aduce interpretaciones semánticas al tema).

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Siempre que he llamado la atención sobre la homosexualidad de Jesús, o de cualquier personaje del pasado, salen homófobos diciéndome que “no se puede aplicar el concepto moderno de homosexualidad”. A mi esa explicación me hace mucha gracia. Si por ello se quiere decir que no hay que imaginar a Jesús ( y digo Jesús porque hablamos de él, porque lo mismo pasa si hablamos de Sócrates, o de Safo de Lesbos) llevando la bandera del arco iris, de peluquero, de azafato de iberia… añádanse aquí los estereotipos que se estimen oportunos para cumplir esa entelequia de“concepto moderno de homosexualidad”, estoy totalmente de acuerdo. Pero está claro que esa actitud homófoba no hace más que evitar la cuestión de fondo: Era Jesús gay o no.
Concluyendo, que hay dos posibilidades y dos hipótesis, tan válidas la una como la otra:
Primera hipótesis, y la aceptada por la comunidad católica en general: Jesús y Juan se querían, pero no con una connotación sexual. Jesús quería a Juan como criatura creada por sí mismo en su trinidad, como al resto de los mortales, pero recibía un trato especial en exclusiva que no sabemos muy bien en qué consistía ni a qué era debido pero que permitía al apóstol tratar a Jesús con más confianza de las que se tomaba el resto de los doce. Y Juan era un ejemplo a seguir por su virtud y su fe, con entrega absoluta a Jesús y luego a su madre, pero por supuesto se trata en todo momento de algo puramente místico y cualquier malentendido se debe en realidad a la incapacidad de un idioma (nada menos que la koiné) de matizar mejor qué tipo de relación tenían y usar en su lugar un verbo de amplio espectro.
Segunda hipótesis, y la mía: Jesús y Juan se querían… se querían casar, pero no podían. Juan se sentaba al lado de su amante y reclinaba su cabeza sobre su hombro. Juan era el yerno de la virgen María y se ocupó de ella cuando Jesús murió, según las indicaciones de Jesús. Jesús y Juan se querían y eran amantes.
Las palabras están ahí, en los evangelios, y no deja de ser curioso que, en una gran parte de la historia de occidente, la homosexualidad haya pasado siglos y siglos en la clandestinidad y en la persecución mientras en el propio texto sagrado hay ciertos guiños a un amor prohibido que no pasan inadvertidos a los lectores más perspicaces (como yo, mismamente, que a perspicaz no me gana nadie).
En definitiva, la homosexualidad como pecado es otro invento más del ser humano. Así es que id en paz y seguid amándoos los unos a los otros como ellos, Jesús y Juan, se amaron.
Este artículo fue publicado en 2014 en el blog de La Oveja Rosa en Universo Gay y hace 10 años en mi blog, ya desaparecido, Cierta Desconocida.

 

@LaOvejaRosa es una tuitera, youtuber, escritora, bloguera, community manager y artista polifacética, feminista y lesbiana nacida en Madrid.

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